Durante esta semana ha sucedido en el Congreso de los Diputados unos hechos que merecerían formar parte de la historia de nuestro país. Como mínimo sería conveniente que formara parte de algún documental para que la memoria de la sociedad en general lo retuviera. Un Gobierno impulsando Decretos para provocar cambios en la situación de la vivienda y del alquiler, así como medidas contra los desahucios, y la derecha del país (PP, Vox y Junts) votando en contra de las medidas contempladas en los dos Decretos y consiguiendo con su voto en contra que no se aprobara lo que el clamor social de la calle está diciendo que es una necesidad. En la actual legislatura es lo que viene pasando en el Parlamento. Podría decirse que desde el día siguiente al inicio de la legislatura ha sido la tónica general. No es votar en contra porque se esté en contra ideológicamente, sino votar en contra de forma sistemática cada vez que hay oportunidad, sobre todo por parte del PP y de Vox.
Lo sucedido con el desahucio de Maricarmen y sus imágenes ha dado la vuelta al mundo y ha provocado que las fuerzas políticas, sobre todo quienes apoyan al Gobierno, se dispusieran a poner en marcha medidas para paliar o romper con lo sucedido. El clamor social en la calle consiguió que todo el mundo político se removiera en su conciencia. Situó a todas las fuerzas políticas ante el espejo del principal problema que desde hace tiempo está considerado en nuestro país, porque el problema de la vivienda es hoy en día el problema central de la preocupación de la inmensa mayoría de la ciudadanía. La gravedad del problema podría entenderse por la urgente movilización de los partidos políticos removidos sobre todo por la movilización creciente que se estaba extendiendo por el conjunto del país.
La crisis de la vivienda afecta más directamente a la gente más joven, pero es que en cada casa existe el problema porque la familia lo vive directamente al convivir uno o más de sus hijos en el domicilio. Lo comprueba y lo sabe porque los jóvenes hoy están sin poder emanciparse ni poder comprometerse en la adquisición de una vivienda. Como asimismo sucede con los precios del alquiler. Y es posible que lo que haya encendido la mecha haya sido el desahucio de Maricarmen, pero es que el problema estaba ahí y sólo faltaba una situación como la que hemos vivido con esas imágenes para que todo prendiera. La prensa internacional se ha hecho eco de las movilizaciones y del malestar de muchísimos jóvenes protestando en las calles de muchas ciudades y ello está demostrando el creciente descontento social que está extendiéndose y que en muchas situaciones nos recuerda al sucedido en el 15-M del 2011.
Es posible que lo que estamos viviendo en nuestro país en estos días forme parte de un hartazgo general de falta de respuestas a un problema de graves consecuencias y lo que es peor, conocido y normalizado. Siempre los movimientos sociales han sido el desencadenante de acontecimientos que han seguido un patrón similar y que cuando prenden actúan como una chispa capaz de provocar un estallido que puede acarrear consecuencias políticas para quien gobierna fundamentalmente, aunque las culpas estén también en otros. El problema se ha extendido más allá de Sol y la población en general también señala. Cuando ello se une y se suma podemos estar asistiendo a un detonante que está activando de manera muy contundente la sensación de que estamos ante una vulneración de derechos y la gente podría preguntarse el porqué la política no tiene una respuesta ante ello.