"Tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena"....es una frase de Martín Luther King. No soy de los que se callan ante aquello que considero injusto o que no me gusta. Lo llevo practicando durante todo el río de mi vida. Desde que empecé en el sindicalismo en la UGT, lo sigo haciendo en el PSOE y también en todo aquello que genera desigualdad o que pienso que es injusto en los últimos años desde el movimiento vecinal. Pienso que vivimos en una sociedad que circula por las autopistas del aceleramiento y que en gran medida es como si mirar hacia otro lado ante la injusticia se hubiera normalizado. Pequeñas decisiones de no involucrarse o comprometerse refuerzan en mi opinión los sistemas injustos y además fomentan la impunidad en muchos casos. Los movimientos sociales siempre han avanzado cuando rompieron ese silencio, y creo que el no hacerlo tiene costes morales, económicos y sociales para toda la sociedad. Y costes políticos para aquellos que piensan que es mejor el silencio por un mal entendido concepto de que se hace daño.
Vivimos desde hace un tiempo en el que estamos informados de todo y prestos a muy poco. Somos conocedores de injusticias a diario, pero hemos aprendido a mirar hacia otro lado si no nos afectan directamente. No podemos decir que no lo sabemos, porque hoy todo de una de otra manera nos llega. Quizás pensemos que no es un problema nuestro y que actuar puede no servir para nada. Estamos consiguiendo con nuestro impas o parálisis que el problema tratemos de resolverlos dejando que pase el tiempo y no queremos reconocer que cada vez que callamos estamos consintiendo a que el problema se instale y por nuestro silencio sea considerado como normalizado. Si denuncias puedes ser etiquetado inmediatamente y aparecerán rápidamente aquellos que te dirán que estas equivocado porque las cosas se dicen dentro. Qué hacer cuando estás cansado de decirlas dentro y nadie quiere hacerse eco porque ello no siga pasando. Qué hacer cuando las redes clientelares del poder o de las miserias del poder tratan de callarlo. Silencio, complicidad....o mostrar tu denuncia e indignación.
Hace unos días denuncié la falta de transparencia en el proceso de las primarias de mi partido, el PSOE. He sido contestado por hacerlo y decirlo con el pretexto de siempre. Se hace daño. Quién hace más daño es el silencio, ha sido mi respuesta. Siempre he sido partidario de hacer lo que se dice y contar lo que se hace. Una referencia para mi inigualable en mi Organización política me lo decía: dignidad. Y la dignidad no está en venta. Es algo que no tiene precio, que tiene un valor interior, que no se puede comprar ni vender por mucho que los depredadores que existen o los que piensan en lo bien que les puede ir a ellos aunque le vaya mal a la organización, así lo piensen. La dignidad se tiene o no se tiene, porque sin dignidad no es posible la política, porque el verdadero problema es que la política ha dejado de entenderse como lo que realmente es: un servicio al ciudadano. Se ha convertido en un fin en si misma, en la que la prioridad ya no es gestionar ni resolver, sino resistir en el cargo y así cada día que pasa sin cambios reales, se multiplica la desafección ciudadana.
Y la reacción ante este problema que termina por convertirnos en cómplices, no puede ser el silencio. Un silencio que puede nacer del cansancio, del hartazgo, de la decepción, de la sensación de que nada puede cambiar. Y ese silencio si dejamos que sea la respuesta, es muy peligroso. Porque si dejamos de exigir, de participar, de señalar lo que está mal, estamos dejando el camino a quienes ya han demostrado no estar a la altura. No se trata de indignarse más, solamente, sino de no normalizar lo inaceptable. Por ello no es sólo una cuestión de indignarse, hay que romper el silencio porque cuando se hace costumbre, se convierte en una forma de rendición Hay que recuperar la conciencia crítica, la voz de la militancia en el caso del PSOE. Si alguien piensa que escribo todo esto desde el enfado por lo sucedido estos últimos días en las primarias, es que no me conoce y aún así estoy dispuesto a explicárselo. Lo hago porque creo en la política como herramienta de transformación y por eso me duele lo que veo y no quiero ser cómplice de ese silencio que está consiguiendo que perdamos gran parte de nuestra identidad y de nuestro origen de una Organización que nació para luchar contra todo tipo de desigualdades y corruptelas.