Era el año 2007 y Badajoz llevaba demasiados años viviendo de espaldas al Guadiana. Hacía pocos meses que Guillermo Fernández Vara había asumido la Presidencia de la Junta de Extremadura y se producía una reunión con Miguel Celdrán, Alcalde de Badajoz. Como asunto de la reunión, la situación de las obras del río Guadiana en su paso por la ciudad. Una infraestructura de origen socialista con fondos europeos que no se terminaba y que después de algunas manifestaciones por un lado y por otro, se llegaba a un acuerdo para finalizar las obras de la margen derecha del río. En esa reunión, los dos políticos acordaban que el 25% que faltaba para terminar las obras serían sufragados al 50% por cada Administración. Las obras se iniciaron más tarde, pero aquel acuerdo fue muy valorado por el conjunto de la ciudadanía de la ciudad y fue una muestra de que dos políticos de distintos partidos, hablaban y acordaban poniendo en valor la política y el sentido común. Una forma de hacer y entender la política que hoy no sólo no existe, sino que tampoco hay políticos que sean capaces de poner el interés común por delante de cualquier otro interés.
El Guadiana es ese pulmón verde que nosotros tenemos la suerte de poseer y que muchas otras ciudades lo quisieran tener. Un "corredor verde" y que hoy sí podemos decir que a pesar de las plantas invasoras que lo cubren y de algunas otras cosas con su mantenimiento y conservación, ha pasado a ser patrimonio natural de los pacenses y de todos aquellos que así lo valoran. Pero el agua del Guadiana es un bien a preservar y por ello deberíamos cuidarlo para compartirlo y sentirnos orgullosos. Lo tenemos que querer, porque es una oportunidad que no sólo nos da riqueza medioambiental, también nos ofrece posibilidades para el sector del turismo por su patrimonio y por ser un espacio para las aves. Por ello hay que recuperar el Guadiana porque nos ofrece muchas posibilidades para la ciudad y por eso necesita una cultura de preservación y cuidado por las Administraciones, por todas. Por ello hay que recuperar un Guadiana limpio de camalote y de nenúfar, y de otras especies invasoras.
Hay que hacer del Guadiana una fuente en todo su sentido medioambiental donde sea compatible su aprovechamiento turístico y deportivo, con el disfrute de su estatus como zona de especial protección de aves. Hay que aprovechar espacios de su cauce para que en el futuro pueda ser también un espacio para competiciones deportivas, porque teniendo en cuenta las temporadas puede llegar a convertirse también en esa lámina de agua que ayude desde el ámbito deportivo y medioambiental para que Badajoz adquiera otra dimensión, porque su paso ofrece un espacio natural para el piragüismo y otro tipo de competiciones relacionadas con los deportes acuáticos. Hay que poner ilusión y ganas, pero sobre todo se necesita de mucha voluntad por quienes deberían liderar esa posibilidad, porque podría ser una gran oportunidad para situar a nuestra ciudad en una referencia nacional.
Pero como decíamos al principio, se necesita de políticos que asuman ese liderazgo y tengan una visión de un modelo de ciudad sostenible en todos sus aspectos. Y todo ello debe acompañar a las obras e infraestructuras que en la actualidad se están desarrollando porque los recursos y posibilidades de nuestro Guadiana podría hacerlo compatible. Por ello, hay que exigir a todas las Administraciones que tienen competencia sobre el río que colaboren y concierten para que nuestro pulmón medioambiental sea un espejo que refleje el crecimiento y desarrollo de un nuevo modelo de ciudad. Creo que se cometería un error si no son capaces de poner el interés común como en su día dos políticos hicieron y acordaron. Aquello tuvo un resultado del que todos los ciudadanos y ciudadanas hoy disfrutamos. Esa misma visión y comprensión debería ser hoy posible, porque el Guadiana y Badajoz lo necesitan.