Badajoz es mucho más que el lugar en el que vivimos. Es nuestra ciudad. La ciudad en la que hemos aprendido a convivir, a trabajar, a cuidar, a emprender y a imaginar nuestro futuro entre otras muchas razones. Es el espacio común que compartimos quienes la elegimos para construir nuestro proyecto de vida. Una ciudad hecha de muchas historias, barrios y poblados; de generaciones diferentes y de personas que, cada día, sostienen su presente y anhelan un futuro mejor. Badajoz posee historia, talento, patrimonio, capacidad económica y una situación estratégica extraordinaria. Somos frontera y puente. Somos la principal ciudad de Extremadura y el centro de un territorio que se abre hacia Portugal. Tenemos condiciones para liderar, crecer y generar oportunidades, pero llevamos demasiado tiempo contemplando cómo esas posibilidades se aplazan, se desaprovechan o se subordinan a intereses ajenos a la ciudad.
Pero también es una ciudad que hoy no funciona igual para todos y todas. Badajoz ha crecido, pero no siempre ha avanzado unida. Las oportunidades, los servicios públicos y la atención municipal no llegan de la misma manera a todos los rincones. El lugar en el que una persona vive continúa condicionando demasiado la calidad de los espacios públicos, el transporte, el acceso a determinados recursos y hasta la capacidad de hacerse escuchar. No podemos aceptar una ciudad dividida entre zonas privilegiadas y barrios olvidados; entre quienes encuentran todas las puertas abiertas y quienes deben reclamar una y otra vez aquello que debería estar garantizado. No podemos resignarnos a que la desigualdad se convierta en paisaje ni a que las diferencias entre barrios terminen consolidándose como diferencias entre ciudadanos.
El desarrollo de la ciudad no puede medirse únicamente por las obras que se inauguran o por las imágenes que se proyectan. Debe medirse también por la dignidad de sus calles, por las oportunidades de sus jóvenes, por la tranquilidad de sus mayores, por la fortaleza de su comercio, por la calidad de los servicios públicos y por la atención que reciben los barrios que llevan demasiado tiempo esperando. El código postal nunca debe determinar los derechos de una persona. La ciudad pertenece a quienes la viven. La ciudad pertenece a su gente. Esta convicción expresa mi manera de entender la política municipal. Creo en una ciudad donde la libertad no dependa del dinero, donde la igualdad se traduzca en oportunidades reales y donde los servicios públicos protejan una ciudadanía común. Una ciudad comprometida con la igualdad entre hombres y mujeres, accesible para las personas con discapacidad, orgullosa de su diversidad y preparada para combatir la soledad, la exclusión y las nuevas formas de vulnerabilidad.
Badajoz no es únicamente su centro ni sus principales avenidas. Badajoz son todos sus barrios y todos sus poblados. Cada uno posee una identidad, una historia y una forma particular de contribuir a la vida colectiva. Mi proyecto de ciudad debe empieza por reconocer esa diversidad y convertirla en una fortaleza. Ello exige presencia municipal, servicios dignos, limpieza, mantenimiento, movilidad, seguridad, zonas verdes y espacios públicos que inviten a convivir. Exige también escuchar a quienes conocen de primera mano los problemas y las posibilidades de cada zona. La participación ciudadana no puede reducirse a una reunión ocasional ni a una foto. Las asociaciones vecinales, sociales, culturales, deportivas y económicas no son figurantes de la política municipal. Son parte esencial de la inteligencia colectiva de nuestra ciudad.
Badajoz necesita también recuperar su posición en Extremadura. No podemos permitir que la ciudad pierda peso por decisiones tomadas lejos de ella ni que sus necesidades queden subordinadas a estrategias, equilibrios y tensiones de poder que se resuelven fuera de Badajoz. Quien gobierne nuestra ciudad debe defenderla siempre, con independencia de quien gobierne en Mérida o en Madrid. Debe tener voz propia, capacidad de iniciativa y determinación para exigir las inversiones, infraestructuras y proyectos que nos corresponden. Defender Badajoz no consiste en enfrentarla con el resto de Extremadura. Consiste en conseguir que aporte todo lo que puede aportar al progreso común. Una capital económica, cultural, universitaria, logística y transfronteriza fuerte beneficia al conjunto de la región.
Pero en Badajoz los Socialistas llevamos más de tres décadas sin gobernar. Es demasiado tiempo. Reconocerlo no significa renunciar a nuestra historia ni ignorar el trabajo realizado por tantas compañeras y compañeros. Significa comprender que no podemos ofrecer las mismas respuestas y esperar resultados diferentes. Badajoz necesita al PSOE, pero el PSOE también necesita reencontrarse con Badajoz. Necesitamos volver a escuchar, antes de hablar. Por ello he decidido presentar mi precandidatura a las elecciones primarias por convicción y por compromiso. Porque creo en Badajoz y porque no acepto que la resignación sea nuestro futuro. Conozco la política y las instituciones, pero también conozco la ciudad desde sus barrios, sus poblados y su tejido asociativo. Durante años he escuchado a colectivos vecinales, sociales, culturales, económicos, patrimoniales y medioambientales. He aprendido que nadie posee por sí solo todas las respuestas y que los grandes cambios comienzan cuando una comunidad decide reconocerse, organizarse y avanzar unida. Por ello es el momento de tomar las riendas de nuestro futuro. Es el momento de construir juntos y juntas, Badajoz, una ciudad para su gente.
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