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domingo, 11 de enero de 2026

El peligro de la normalización....

Vivimos un tiempo donde tendemos a normalizar aquello que nos afecta de una de otra forma, aunque pueda parecernos que está lejos o que no va con nosotros. Es hasta posible que siendo consciente de ello, no lo queramos ver. Es algo que no es nuevo. Se empezó a hablar de ello hace tiempo y poco a poco nos hemos ido acostumbrando al proceso. Tratar de ver normal lo que es anormal. Podría formar parte de lo que sería su definición. Son ese tipo de situaciones que terminan siendo aceptadas en gran medida como parte del sistema. No sólo ocurre en el ámbito de la política, aunque éste sea un escenario muy propio de todo ello. Porque se dan ejemplos claros como la normalización de la polarización y de la corrupción, generando una especie de resignación. Y lo venimos viendo y escuchando porque el debate político se ha generado en el debate de los insultos. Es la frase aquella que me gusta decir poco y asumir menos. Es lo que hay.

Durante la campaña de información de la repercusión y denuncia del #Basurazo había quien preguntaba si podría valer para algo el hecho de presentar recursos. La respuesta estaba en el interior de la persona que preguntaba. Pensemos si vale de algo mostrar disconformidad sobre un asunto que genera discriminación y desigualdad, le decíamos. Y puede que no se consiga el objetivo, pero que no quede por hacer aquello que se puede hacer y que tanto costó conseguir. Reclamar el derecho. Porque si no hacemos uso de los derechos conseguidos, nos podríamos preguntar de qué ha valido la lucha de nuestros padres y abuelos por tener una sociedad donde el hecho de reclamar ya por sí solo merezca la pena. Porque el peligro de no hacerlo, es darle sentido a que terminemos considerando como normalidad aquello que es anormal. Y creo que algo de esto viene pasando en nuestra sociedad.

El problema de la normalización en la política y también en la ciudadanía genera situaciones en las que podría interpretarse en aquello de "se quiere, pero no se puede". Se quiere y se necesita estabilidad, pero no se posibilita a que ello se produzca. Y quienes no lo hacen posible, son en muchos casos aquellos que hacen una cosa u otra dependiendo del espacio o lugar en el que se encuentren. Ese deseo de estabilidad no conseguida provoca en la ciudadanía distanciamiento y desconfianza hacia la clase política. Generando un problema de pérdida de confianza en las Instituciones y división en la calle. Y este escenario de falta de estabilidad y desconfianza consigue en gran parte los ingredientes para ser el caldo de cultivo de aquellos que buscan una mayor polarización social, aún siendo conscientes del daño que ello provoca en la sociedad, pero éste es uno de sus objetivos.

Y este peligro de la normalización pasa a ser uno de los graves peligros que hoy está instalado en la sociedad de nuestro país. Uno de sus ejemplos es la asunción de la normalidad del encarecimiento de los precios de los pisos o del alquiler y escuchar en que todo está muy caro y asumir el que sigan subiendo sin poner coto a ello. Un escenario donde lo anormal está empezando a ser asumido y no precisamente por desconocimiento del problema, sino por no quererlo ver y poner medidas entre todas las Instituciones para que ello cambie. Y ello, junto a no querer ver que podemos estar relativizando el problema nos puede llevar a la indiferencia y a no querer reconocer la gravedad de una situación o querer verla cuando es demasiado tarde. Ese no considerar esa anormalidad nos lleva a perder nuestra capacidad de empatizar por creer o pensar que a nosotros no nos puede afectar o tocar y ello termina siendo asumido. Algo así entendí la primera vez que leí y escuché un poema de Benedetti, cuando escribió aquello de "toma en cuenta que un día, también a ti, te llegará la tarde....

3 comentarios:

  1. Comparto tu reflexión, especialmente cuando se habla del peligro de acabar asumiendo como “normal” lo que no lo es. En el caso de la basura, el ejemplo es muy claro y cercano. En Orellana y en pueblos limítrofes, la Diputación de Badajoz ha subido la tasa un 35% en el último año, y lo más preocupante no es solo la subida en sí, sino la reacción posterior.
    No ha habido una contestación social ni política. Sobre la inacción política de la oposición de Orellana, esta merecera una entrada completa. La ciudadanía no reacciona porque lo vea como algo justo o normal, sino porque se ha instalado una resignación transversal, en todo el espectro político: se acepta a regañadientes, se comenta en privado, se critica en bajo… y se sigue adelante como si no hubiera margen para reclamar. Y ahí es donde la normalización empieza a hacer daño.
    Cuando dejamos de cuestionar decisiones que generan desigualdad o carga económica injusta, no porque estemos de acuerdo sino porque “no sirve para nada protestar”, estamos renunciando poco a poco al ejercicio de derechos que costó décadas conquistar. No se trata solo de ganar una reclamación, sino de no dar por inevitable lo que es una decisión política.
    Como ya comenté en su día en Facebook, antes de estas elecciones autonómicas, el problema no es que estas situaciones se conviertan en normales, sino que se conviertan en inevitables a nuestros ojos. Y eso, más que normalización, es una forma peligrosa de rendición colectiva.

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  2. Hola Cayetano, coincidimos en las reflexiones y en lo peligroso de considerar como normal, lo que es anormal. Esta sociedad que hemos construido cada día profundiza más en brechas de desigualdad consentidas, porque llevamos demasiado tiempo preocupados de lo de cada uno y hemos dejado de preocuparnos en lo que es de todos. Gracias por tu comentario. Un abrazo

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  3. Totalmente de acuerdo ,Anselmo.siempre protestar cuando no se está de acuerdo.siempre luchar.cuando puedas que te parece el reparto de los 22.000 millones de euros para las autonomías menos para nuestra tierra? Salud.

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