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domingo, 27 de septiembre de 2015

"Déjame, Paquita".

No quiero hablar de unanimidades y de elecciones. Llega un momento en que lo uno por ser falso y lo otro por resultar pesado y repetitivo, llega un momento en que dices: portazo y a mirar para otro lado. No quiero decir con ello que me deje de preocupar, pero sí es cierto que creo que es mejor darme un paseo por el Guadiana (es un decir) y observar cómo lamentablemente el camalote ha inundado al agua y hay tramos en que no se sabe que es lo que hay debajo.
El título de mi entrada tiene que ver con un suceso que viví ayer. En mi pueblo. Festejábamos el bautizo de Martín. Y cuando nos acercábamos para picar algo y pasar un buen rato entre familias y amigos, viví la escena que quiero contar.
Un residente en la residencia de mayores venía de tomarse un café. Hacía mucho calor. Había salido a dar una "vuelta" y venía fumándose un purillo. De pronto, nos vimos con él. Miró a Paquita y se sonrió. Nos acercamos a él y le dijimos: venga, que hay que recogerse y se sonreía. Nos miraba y le pedía a Paquita. Déjame, un poco más. No lo dejamos. Lo seguimos con la mirada y sonreía, porque ya se encaminaba a recogerse. Estaba cerca de la residencia, pero nos seguía mirando. Crucé con él varias veces la mirada. Le dije: hay que recogerse y seguía sonriéndonos.
Pero se hizo caso de Paquita. El cariño, la confianza, la relación del día a día entre los mayores y quienes le atienden. Recordaré éste momento, pues me hizo reflexionar y decirme: a veces la política, con solo un gesto y un servicio está más que justificada. Por el simple hecho de vivir éste momento y vivirlo, el día de ayer me recordó otros de hace unos años.
Paquita seguirá atendiendo y los mayores la seguirán llamando. Lo he comprobado en varias ocasiones. Son personas como Manuel que están posiblemente en la última etapa. Cuántas respuestas y muestras de cariño se suceden a diario. Cuántas Paquitas que mostrarán su cariño y su esfuerzo por atender y cuidarlos. 
Esa sonrisa de Manuel no la voy a olvidar. Por la acera y miraba para atrás, para comprobar si lo seguíamos mirando. Un poco de libertad. Un poco de ternura. Un simple gesto de llamarse por su nombre y ser correspondido. Una sonrisa que recordaré.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Tener clase.

Esta semana sucedieron algunos acontecimientos que te hacen reflexionar sobre las actitudes y los comportamientos de alguna gente. Pienso que en política las formas son muy importantes. Las relaciones con la gente, la actitud ante los sucesos imprevisibles y la posición de respeto a las decisiones personales deberían ser argumentos que tendrían que formar parte de buenas prácticas de la relación entre personas, independientemente de su clase o condición social. 
En uno de sus artículos, Manuel Vicent nos dice “ Tener clase es un don enigmático que la naturaleza otorga a ciertas personas sin que en ello intervenga su inteligencia, el dinero ni la edad. Se trata de una secreta seducción que emiten algunos individuos a través de su forma natural de ser y de estar, sin que puedan hacer nada por evitarlo. Este don pegado a la piel es mucho más fascinante que el propio talento. Aunque tener clase no desdeña la nobleza física como un regalo añadido, su atractivo principal se deriva de la belleza moral, que desde el interior del individuo determina cada uno de sus actos”. 
No se trata por ello de ser de derechas o de izquierdas, ni de capas altas o bajas. Los hay en todas partes y la vida te enseña cada día que hay personas con clase. Es algo que se nota y se siente, y más en la distancia corta. En forma de pellizcos que hacen que en ese contacto que produce la cercanía los compruebes a través de un pequeño gesto, incluso. La necesidad de la cultura y la educación en su más amplia concepción debería formar parte de la clase que a diario deberíamos practicar. Sería una forma de ser corresponsable con la responsabilidad que todos asumimos. Sería una forma de aprender a tener clase.
Toda la clase política extremeña ha respondido de forma unánime con coherencia y responsabilidad ante la dimisión por motivos de salud del Consejero Santos Jorna a excepción del presidente del PP José Antonio Monago que no ha tenido inconvenientes en hablar de crisis de gobierno y de otras ocurrencias. Con sus lamentables declaraciones y su falta de ética ha vuelto a demostrar porque no todos somos iguales, ni tenemos las mismas actitudes y comportamientos ante los problemas personales.
La utilización de una situación de enfermedad de una persona para criticar por criticar, sin pensar si ello tiene trascendencia o puede herir en lo personal, son propias de personas sin clase. En cualquier estadio de la vida, pero en la política mucho más.

martes, 8 de septiembre de 2015

Abuelas y abuelos.

Un informe de una ONG (Educo) nos revela que 8 de cada 10 abuelos ayudan económicamente a sus hijos y nietos. El informe nos dice que cada jubilado da a sus descendientes una media de 290 € al mes, concluyendo que el número de abuelos que contribuyen a mantener a su familia ha ido aumentando por la crisis en los últimos años. Me impactó el informe y me permitió reflexionar sobre los otros dramas que se están sufriendo por la crisis y su efecto dominó.
Son los otros efectos de la crisis. Son las cifras que no aparecen en las estadísticas de los grandes números de los presupuestos generales. La riqueza y la pobreza que no se mide ni valora de la misma forma.
Este nuevo escenario provocado por las causas de la crisis está mermando y deteriorando la situación de los más desprotegidos socialmente y de manera especial a los niños. Nuestros mayores conviven con ellos y cada día pasan más horas juntos.. El ambiente familiar es fundamental en cualquier ámbito de la vida y es necesario que tengan un argumento de solidez y estabilidad, que genere seguridad y protección y debería ser el Estado el que cubriera ese papel que ahora están asumiendo los abuelos. 
Es una foto que vemos a diario. En los colegios a la entrada y a la salida, en los parques y en muchas plazas. Porque no es sólo la ayuda económica lo que dan. Forma parte también y el informe lo refleja, el que muchos abuelos y abuelas han dejado de hacer cosas por esa atención y ocupación de su tiempo. Cosas que les vendrían bien para su salud y estado anímico emocional y social.
Los esfuerzos de las familias con hijos y en especial de abuelos y abuelas no han logrado evitar los efectos y consecuencias del aumento de pobreza. Es un hecho que muchas familias con niños no pueden ni siquiera disfrutar de una semana de vacaciones. Un párrafo del informe resume de la forma siguiente " El padre se ha quedado sin trabajo, la madre a lo mejor limpia escaleras y eso con mucha suerte. En su casa están viviendo con la pensión del abuelo. De hecho, están sacando a los abuelos de las residencias. Se los llevan a su casa porque así pueden vivir todos".
En otros tiempos las manifestaciones y huelgas tenían una gran fuerza y seguimiento en las calles. Hoy, estoy seguro que la huelga que posiblemente paralizaría éste país consistiría en una gran manifestación de abuelos y abuelas en las calles protestando por la vulneración de los derechos de la infancia y de su bienestar, de los que el Estado es el principal garante, porque no se trata sólo de una mera cuestión social. Es un derecho universal.
















sábado, 5 de septiembre de 2015

Náufragos e Insolidarios

En éstos días en que los dirigentes mundiales deberían dar una respuesta rápida, nos hemos vuelto a encontrar con la falta de respuesta. Una fotografía de un niño ha dado la vuelta al mundo y ha removido nuestras conciencias. Nos ha hecho reflexionar y pensar, hablar y decir algunas otras cosas. Qué fotografía. Qué realidad la que expresa. Las injusticias siempre se ceban con los más débiles. Y los más débiles son los niños.
Nada puede hacerse ya por evitarse lo que esa fotografía nos ha dicho, pero algo se debe mover en el mundo. Algo también se debe mover en nuestro interior. Ha habido muchos ejemplos de esas conciencias que se han despertado. La ciudadanía ha vuelto a mover a algunos dirigentes políticos mundiales a cambiar en algo sus primeras decisiones. Nos vuelven minutos de solidaridad y de ejemplaridad por los movimientos de los ciudadanos y la cada vez más exigente y al mismo tiempo influyente opinión de las redes sociales.
Nuestra historia como país nos permite recordarnos que nosotros mismos durante la Guerra Civil y la posterior dictadura sufrimos esas consecuencias y que hubo países y ciudadanos que acogieron a miles de españoles. Desde nuestra querida Extremadura hay infinidad de ejemplos en vías de escape hacia Portugal y desde España hacia otros países. Por no hablar de la emigración en búsqueda de trabajo y una vida mejor. En alguna ocasión hemos llegado a hablar de que más de un millón de extremeños se fueron buscando una mejor opción para su futuro.
Los conflictos como los que son noticias en éstos días siempre provocan violaciones de derechos humanos porque las personas no ven nada más que el camino de la escapada. De una huida en muchos casos hacia ninguna parte o hacia su desaparición. Pero siempre con la esperanza de poder encontrar un camino un poco mejor. 
En situaciones así, nos preguntamos para cuándo la instauración de un verdadero orden político social, con capacidad y competencias reconocidas, sin vetos de ningún país ni dirigentes, donde su único principio de actuación sea la democratización y el respeto de los derechos humanos. Si se sigue consintiendo la realidad del drama humano que nos ha expresado la fotografía del pequeño, estaremos asistiendo al verdadero y real naufragio de  toda una sociedad absolutamente insolidaria e incapacitada para dar respuestas.