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lunes, 2 de noviembre de 2015

Incertidumbre electoral.

Estamos en un tiempo nuevo y ya nadie lo duda. Como dijo Benedetti: cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas. Es algo que está pasando y no tiene vuelta atrás. Son preguntas sin respuestas las que viene haciéndose todo el mundo. No hay previsiones que se cumplan y nadie se atreve. No hay certidumbres. Debemos acostumbrarnos a vivir éste tiempo nuevo, porque ya nada será igual que antes.
Y ahora, una nueva campaña electoral. Nuevos tiempos, nuevos partidos. Se acabó el bipartidismo o eso se dice. Nuevos partidos y no ya emergentes. Pasaron de emergentes a contar para todo, incluso para ganar. Son tiempos para las encuestas. Son tiempos para marcar tendencias. Tiempo para marcar opiniones y tratar de influir en las decisiones. 
Pero ésta sociedad es ya madura. Las encuestas pueden mandar, porque pretenden que nos fijemos en sus resultados. Y todas las encuestas marcan. Nos fijamos demasiado en ellas. Podríamos llegar a decir que quien gobierna realmente son las encuestas. Pero cuando llega el día y tenemos que tomar la decisión, al final ésta la tomamos por muchas razones y creo que en ellas, pesa mucho, la muy personal. La de nuestra situación personal, porque uno de los cambios que se han sucedido es que hay muchos ciudadanos que su decisión pasa por su estado durante los últimos días de la campaña.
Se respiran aires de cambio. Si nos atenemos a lo que preveen una gran parte de las encuestas publicadas, una gran mayoría de españoles quieren un cambio de gobierno en éstos momentos. Faltan menos de dos meses y por tanto mucho tiempo aún, pero la opinión de una gran mayoría de españoles es deseo de cambio.
De producirse esos cambios, nos vamos a tener que acostumbrar a dialogar. Dialogar y acordar mucho. Porque lo que a día de hoy parece más seguro que cualquier otra cosa, es que nadie tendrá mayoría suficiente para poder gobernar por sí solo. Una situación que dará una nueva dimensión política a nuestro país y que pondrá en valor el ejercicio del diálogo y el argumento de la palabra como ejemplo para el consenso político. Diálogo y consenso, dos palabras que definen mucho de lo que debe prevalecer en un futuro próximo en nuestro país.

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