Hace unos meses inicié un proyecto que tiene como base conocer la opinión de la gente. Hablar y compartir con todo aquél o aquella que quiere intercambiar opiniones, experiencias y también comprometerse. Escuchar y escucharnos que es algo tan necesario y tan básico que a veces se nos olvida. Porque a veces tengo la sensación de que hablamos más de lo que tenemos más lejos, que de lo que tenemos cerca. Nuestro río de la vida quizás nos lleva a ello, pero nunca debemos dejarnos llevar por la corriente, porque estaremos perdiendo buena parte de nuestra razón de ser y nuestra personalidad. Es en el contacto con la gente cuando nos damos cuenta de muchas cosas, que por no hacerlo con normalidad nos olvidamos de lo importante que son las relaciones humanas. Hace poquitos días lo hacía con dos compañeras del Partido con las que sin tener una relación frecuente, sí que coincidíamos en que había algo que siempre conseguía que empatizáramos a pesar de no vernos con asiduidad. Quizás estas relaciones basadas en una conversación amena deberían formar parte de lo cotidiano, pero aquí sí que es cierto que el río nos lleva, como es el título de uno de los libros del inolvidable José Luís Sampedro.
Hace mucha falta el reencontrarnos con el compromiso. Hay que practicarlo para que no nos olvidemos del sentido que tiene lo que encierra la palabra. Compromiso y comprometerse para estar en un lugar y hacer cosas. Ese es el significado, el de estar para hacer y no para ser. En las conversaciones del proyecto también está la necesidad de escuchar. Escuchar antes de decidir. Y escuchando se aprende. Siempre digo que se aprende más escuchando que hablando. Y en ese proceso del proyecto estamos. Con una receptividad en la escucha activa y a partir de ahí tratar de construir y recuperar lo perdido como un argumento desde el que volver a conectar con la calle para en un futuro recuperar las referencias que son las que nos conectan con la realidad.
En las conversaciones nos encontramos con preocupaciones sensatas y razonables. Una de las cosas que estoy descubriendo es que llevamos demasiado tiempo sin hablarnos y tenemos una necesidad de escucharnos con más frecuencia. Ante una preocupación hay que tratar de empatizar escuchando. Siempre vamos a encontrar personas que necesitan un hombro donde descansar, sabiendo que muchas veces el problema no se podrá resolver. Es algo que aprendí hace años de un compañero del Sindicato que me lo decía a su manera "a veces cuando nos cuentan un problema, la persona es más consciente de lo que nos parece que su problema es difícil de resolver, pero lo que quiere al menos es poder descansar al compartirlo". No es algo que se pueda resolver con facilidad cuando lo que separa es la falta de empatía con lo escuchado, porque entonces la ausencia de compromiso convierte la acción de la respuesta que demos en algo carente de sentido.
Por eso el compromiso de cumplir con la palabra y elevar el proyecto a público para que la decisión sea más compartida una vez que la receptividad del proyecto está siendo muy bien acogida. Escuchaba a jóvenes hablar y exponer sus trabajos en este fin de semana durante un Seminario del Consejo de la Juventud de Extremadura y mostraban su preocupación en la presentación de sus comunicaciones ante los cambios que a todos nos afectan, pero en gran medida más a ellos y ellas. Compartían y escuchaban, se comprometían en sus respuestas y valoraban que siendo la generación Z tienen muy claro que tienen que reforzar la argumentación en valores y crear conciencia. Valores y conciencia que son dos argumentos muy sólidos para seguir dando valor a la palabra y cumplir con lo de estar para hacer y no para ser.
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