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sábado, 26 de enero de 2013

Emergencia social.

Acaban de publicarse los datos del 4º Trimestre de la Encuesta de Población Activa y los números nos asaltan. Nos hacen pensar sobre una realidad que permanece desde hace tiempo. Nos hacen reflexionar sobre las causas del desempleo. Nos detenemos y en voz baja comenzamos a poner nombres y apellidos a esos números. Nos hacen recordar a las familias y a los amigos, porque dudo mucho que no haya quien en su entorno más cercano, tenga alguna persona que no esté sufriendo las consecuencias del mayor drama social que tiene ésta sociedad: el desempleo.
Porque el problema del desempleo provoca en los desempleados problemas en su bienestar personal, físico, anímico, moral...y otros problemas añadidos, como tener que abandonar una vivienda por la imposibilidad de poderla pagar; dejar de estudiar o que sus hijos lo tengan que hacer y también provoca que las personas que lo padecen busquen culpables y responsables. Porque tienen su derecho. Porque necesitan exteriorizar una situación y porque sufren las consecuencias de una injusticia que les ha provocado una ruptura de su vida laboral, social y familiar.
Estamos ante una emergencia social. Un país que roza los 6 millones de desempleados. Un país que ha sufrido en el año que acabó, casi dos mil parados diarios, es un país que ha entrada en una profunda depresión, porque ésta situación genera mucho pesimismo y falta de confianza interna y externa.
Las proyecciones para éste año que acaba de iniciarse no son nada optimistas. El FMI anuncia una contracción aún mayor que en el año 2012 y si ésto sucede, significará una mayor destrucción de empleo y nula recuperación económica. Y sin recuperación económica, no habrá creación de empleo.
Por ello causa indignación y más cosas, escuchar a la Ministra del Desempleo y al Ministro Cañete, decir que se están cumpliendo los objetivos de la reforma laboral, cuando nunca antes hubo tantos despidos y tantos expedientes de regulación de empleo.
Es una obligación que las últimas cifras lleven a los responsables políticos a sentarse y poner en marcha medidas para acometer éste profundo pozo del desempleo. Es imprescindible que las alternativas a llevar a cabo pasen por situar el empleo y las personas en el centro de las políticas...Porque el problema lleva demasiado tiempo instalado y cuando afecta a las personas, debería ser la prioridad de cualquier acción porque el problema aún teniendo parte estructural, no puede esperar más...porque se trata de una emergencia social.

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